jueves, abril 09, 2009

A Darth Vader




Ahora que Darth Vader tiene cáncer,
el imperalismo cósmico y celeste
se estremece, tirita, conmueve,
por la temida contingencia
de saberse huérfano y carente.


Fue tal vez la radiación
de su acero fluorescente.
O quizás fuera el cadmio
de la estrella de la muerte.


Sirva al menos la dolencia
como honrosa escapatoria.
Evitar un pleito por tirano,
que te condene un honrado,
recto, virtuoso, magistrado,
que posea nombre de rey mago.

jueves, marzo 05, 2009

Y si Cádiz fuera un monopoly...

Gracias a la prensa seria (un periódico gratuito de tirada local de corte sensacionalista) hemos podido enterarnos de una de esas noticias que hacen afición. Cádiz, nuestra tacita de ag, candidata a figurar en el célebre juego de bienes raíces conocido como monopoly. Según parece, la capital gaditana está bien situada en una lista en la que compiten otras ciudades de la geografía española, incluyendo hasta alguna ciudad imaginaria como es el caso de Teruel. La noticia en un tono quizás algo malicioso incide en que la vecina población de Jerez de la Frontera hasta el momento no cuenta con ningún voto. Es este dato sin duda, una de tantas actuaciones perniciosas que no hacen sino contribuir maliciosamente a enquistar la relación entre dos pueblos (o una ciudad y un pueblo) que deberían ser hermanos y convivir en paz, dejando atrás todo tipo de envidias y rivalidades sin sentido. ¿He dicho ya que Jerez no posee ningún voto?
Bromas aparte, lo que realmente se pregunta el gaditano de a pie, o de carril- bici, o de a pie que invade el carril-bici, es lo siguiente: ¿cuánto tardará el Diario de Cádiz en ofrecernos tan entretenido divertimento a cambio de un innumerable número de cupones?
Lo único cierto de todo esto, es que si finalmente nuestra ciudad aparece en el juego, va a ser lo más cerca que esté la Caleta de tener enfrente un hotel de cinco estrellas.

viernes, febrero 27, 2009

Cuestión de fe

Decía acertadamente un muy buen amigo mío, que la alopecia es una enfermedad descabellada. Yo mismo pude comprobarlo cuando comencé a ser espectador impotente de la caída de mi cabello. Y es que uno nunca está preparado para este tipo de cosas. Es como si una parte de tu cuerpo agonizara sin poder hacer nada, hasta que asistes a su definitivo fallecimiento.
Pero como yo no soy de los que se da por vencido a las primeras de cambio, busqué soluciones a mi problema. Los doctores no me daban ninguna válida, así que no tuve más remedio que acudir a otro tipo de expertos. Contacté con buhoneros y mercachifles, de esos que garantizan la cabelluda gloria a cambio del mísero oro. Adquirí un producto a uno de estos charlatanes de feria que según parecía era infalible. Mi pelambre resurgiría de sus raíces cual ave mitológica en el insignificante periodo de tres semanas. Pero si algo fue insignificante, fue el resultado.
Cuando asalté al ambulante armado de una feroz dialéctica, me indicó que el problema no era del milagroso fármaco, sino de mi descreida y escéptica actitud. De mi falta de fe, según sus palabras exactas.
Como la fe no me sobrevenía por sí sola tuve que ir a su encuentro. Me dediqué a buscarla en los diversos templos eclesiásticos, pero por más atención que prestaba a los discursos y declamaciones de los diferentes presbíteros no lograba apreciar ninguna referencia sobre madejas, mechones, flequillos, tupés, ni pelucas, que pudiera ayudarme a solventar mi preocupante problema. Pero no todo estaba perdido. Cierto día, en uno de esos santuarios, mientras los fieles se entregaban con entusiasmo a su doctrina y yo lo hacía a mis pensamientos, descubrí algo que me llenó de esperanza. Era la imagen de aquel tipo crucificado, que descansaba en una de las paredes del edificio. Tenía una prominente y bella melena. Aún había salvación para mi y mis filamentos.
Decidí buscar las respuestas por mi mismo consultando las fuentes bíblicas, ya que allí era donde estaban todas las enseñanzas de aquel joven revolucionario de aspecto desenfadado y larga cabellera. Al principio aquel libro resultó ser una lectura fascinante, pero contra más avanzaba menos entendía. Aquella obra estaba llena de contradicciones, donde tenía que estar continuamente leyendo entre líneas para encontrar algún mensaje que pudiera ayudarme. La cosa no estaba muy clara. De hecho, ni siquiera me quedaba claro de si el mesías llevaba el cabello largo o no.
Pero como en esta vida hay que elegir, yo decidí escoger que lo llevaba largo y que su volumen y extensión era directamente proporcional a la fe que profesaba en su padre, siendo el momento de mayor largura, el instante de su crucifixión, donde su fe se mantiene inquebrantable a pesar de lo delicado de la situación. Si el grado de fe era entonces equivalente a gozar de un hermoso cabello esto explica también la alopecia de San Pedro, siendo el momento de máxima tonsura cuando el posteriormente crucificado le dice aquello de "antes de que cante el gallo..." ante el escepticismo del tal Pedro.
Es así como logré convencerme de que sólo mediante la creencia en un ser superior misericordioso y a la vez despiadado lograría aquello que perdí, de modo que finalmente me entregué sin reservas al catolicismo con una fe inalterable a prueba de montañas movedizas. Y aunque gracias a la fe soy la envidia del vecindario gracias a mi radiante y bien parecida cabellera, ahora he desarrollado un miedo atroz a la posibilidad de terminar mis días en el infierno.

lunes, febrero 02, 2009

El penalti

Se atribuye la invención del penalti al portero y empresario William McCrum en 1890, en Milford, Irlanda del Norte. Se aplicaron por vez primera en Inglaterra en la temporada 1.891-92 y fue un tal Jon Heath del Wolverhampton Wandereres, el primero en ejecutar y marcar uno.
El tiro de penal como forma de desempate de los partidos fue ideada por el periodista Ramón Ballester, durante la edición del Trofeo Carranza de 1.962 celebrado en Cádiz. A mediados de los años 70, la FIFA estableció esta fórmula como modo de desempatar eliminatorias tras la prórroga.
Muchos son los penaltis que han pasado a la historia, de los cuales algunos entraron y otros no, y es que el penalti constituye esa delgada línea entre el éxito y el fracaso.
Quizás los más conocidos sean los ejecutados por Antonín Panenka y Johan Cruyff, pero la emoción del tiro desde once metros no sólo se vive en los grandes estadios.
Me cuentan que la mayor emoción vivida en un lanzamiento de penal no sucedió en Maracaná, ni en el estadio Azteca o el Camp Nou. Sucedió en la ciudad de Zaragoza, durante las tradicionales fiestas de la Virgen del Pilar. Un grupo de amigos, tras una noche de alcohol y algarabía toparon con un individuo que les ofrecía la posibilidad de alcanzar la gloria a cambio de unas monedas. Un único lanzamiento. Si entraba la pelota obtendrían un premio, en caso contrario, sólo les quedaría la compañera derrota. Los camaradas eligieron su campeón, como si de el rey David se tratase, y Goliat fuera el guardameta. La suerte estaba echada. La pelota entró por la escuadra en un golpeo extraordinario y todos aclamaron al héroe entre vítores. El premio, lejos de ser la copa Jules Rimet consistió en una botella de sidra de la que tuvieron que deshacerse porque fueron incapaces de abrirla.

miércoles, enero 21, 2009

Norma no escrita

¿Hasta cuando debe felicitarse el año nuevo? A mi mismo, sin ir más lejos, un tipo me felicitó el año hace tan sólo un par de días. Esto es un problema que la sociedad debería solucionar. No se pueden ir dando por ahí saludos de bienvenida al año nuevo un 19 de enero y quedarse tan pancho.
Porque son este tipo de normas no escritas, la que dan vía ancha a la discrecionalidad sin límite, ya que la única frontera para este tipo de actuaciones son las constituidas por el buen juicio y el sentido común.
Quizás el ejemplo más evidente de este tipo de "normas" es el clásico "hasta que hora es de recibo llamar a un domicilio particular", y todo tipo de acciones en general, que deberían ser filtradas por el tamiz de la oportunidad y la conveniencia.
Si juntamos todo esto se podría dar un tipo de conversación como el siguiente:

- Eh... ¿Sí? ¿Quién es?
-Hola ¿Steve?
-Sí, soy yo ¿Quién demonios eres?
-Hola, Steve. Soy yo, tu amigo Marc Maxwell.
-¿Marc? ¿Qué diablos quieres? ¿Sabes que hora es?
-Sí, la una o así ¿no?. ¿Estabas dormido?
-Sí, lo estaba. Bueno, ¡Qué es lo que quieres?
-Bueno, me enteré el otro día del fallecimiento de tu gato Rainbow. Quería decirte que lo siento mucho.
-Joder, pero si ya hace tres años de eso que dices.
-Sí, ya ... , bueno yo es que me enteré el otro día.
-Vale, supongo que gracias. ¿Alguna cosa más?
-Sí. ¿Steve?
-Sí, dime.
-Feliz año nuevo.


lunes, diciembre 22, 2008

Reinserción

Finalmente, el rumor que venía vislumbrándose durante las últimas semanas se ha convertido oficialmente en noticia. Esta misma mañana, el ilustre Santa Claus en persona, en rueda de prensa extraordinaria ante medios de comunicación de todo el mundo, confirmaba el cierre de su actual fábrica de juguetes situada en Laponia y el traslado de la misma a una zona próxima a la región de la Panonia Central . La medida supondrá el despido de más de 3.000 duendecillos que tendrán que convivir con la sombra de un futuro incierto.
No obstante, las asociaciones sindicales de duendes navideños ya se han puesto manos a la obra para que la reintegración laboral de los mismos sea efectiva en el menor tiempo posible, y en concreto un delegado del S.R.A.A.A. (Sindicato de Renos, Alces y Animales Astados) se encuentra reunido ahora mismo en las dependencias de la fábrica con el representante legal del empresario Santa Claus, en un desesperado intento por asegurar el puesto de trabajo del carismático reno Rudolph.
Al respecto, hemos podido saber que, aquellos duendes que no accedan en un primer momento al proceso de reinserción laboral activa, quedarán integrados en un proceso de formación laboral ocupacional con especialidad en soldadura, montaje de chapa y pintura y montaje y desmontaje de vidrios guarnecidos, al objeto de que puedan con brevedad reciclarse laboralmente en la industria del automóvil.
La medida ha conmocionado a la población y se avecinan jornadas de tensión y violencia que, aunque promovidas inicialmente por los principales afectados y sus allegados, se estima que contarán con el apoyo mayoritario del pueblo laponio, siempre tan solidario ante los problemas regionales. Así las cosas, está prevista una manifestación esta misma tarde ante la fábrica de Santa Claus y se espera para mañana el corte de las principales carreteras y vías de accesos a la región. Por otro lado, este periódico ha podido conocer hace tan sólo unos minutos y en absoluta primicia el comienzo de brotes espontáneos de protesta por parte de algunos agitadores, traducidos en la quema de fotos de la otrora estimada Señora Claus (a la que culpan de influir negativamente en su marido dada su manifestada adicción a los opiáceos) y el incendio provocado de al menos un centenar de chimeneas.
Como les contamos, la situación en estos momentos es de absoluta confusión, llegándonos un flujo contínuo de informaciones caóticas y contradictorias, si bien lo último que hemos podido saber es un nuevo comunicado enviado por Santa Claus vía fax, en el que ante la manifiesta crisis económica, insinuaba la posibilidad de sustituir los tradicionales regalos navideños por botes de achicoria.
Es todo por el momento, seguiremos informando.

Laponia Tribune, 22 Dic de 2008.

miércoles, noviembre 19, 2008

Big Henry

Esta historia verídica tiene su origen en el justo momento en que mi ventrículo izquierdo desarrolló una profesión. Digamos que encontró una vocación a la que dedicar todo su empeño. Para mi asombro se hizo ventrílocuo de la noche a la mañana y me dí cuenta en el instante en que noté que había algo que hablaba a través de mi vientre.

Al principio lo llevé todo lo mejor que pude y viendo su enorme talento pronto llegamos a un acuerdo. Yo me sometería a una delicada operación quirúrgica a cambio de convertirme en su representante y él gozaría de plena libertad de movimientos para desarrollar sus pretensiones artísticas. Así fue como nos convertimos en socios inseparables a pesar de estar a partir de entonces físicamente disociados.
La operación fue un éxito. Me sustituyeron el ventrículo izquierdo por otro que había pertenecido a un saxofonista de Chicago, lo cual me aseguraría según los doctores una estupenda sístole y diástole a ritmo de jazz. Establecimos mi comisión en un 15% de los beneficios de las actuaciones y pronto comenzamos una gira por los pequeños clubes de la ciudad. La gira, de unos cuatro meses de duración resultó ser un gran éxito y casi de inmediato comenzaron los problemas.

A la gira de los pequeños clubes, le siguió otra por clubes de mayor aforo y todo discurría tan rápido que cuando nos dimos cuenta estábamos girando por los mejores teatros del país. Estábamos en una nube, la fama nos abrumaba, habíamos logrado poner de moda el denostado arte de la ventriloquía y pronto nos salieron miles de imitadores que intentaban en vano subirse al carro del éxito. Nuestra relación poco a poco se fue deteriorando en parte sobre todo a los caprichos de estrella de "Big" Henry (ese era su nombre artístico) que gastaba casi tanto como ganaba. Ni que decir tiene que a Henry lo conocían en todos los casinos, burdeles y bares de las ciudades a las que llegábamos y lo peor de todo es que en sus habituales escaramuzas nocturnas no cuidaba para nada su voz; es decir, su modo de ganarse la vida, lo que le permitía vivir de la manera en que lo hacía. Hablaba continuamente sin parar, chillaba, ponía mil y una voces distintas, imitaba a todo tipo de personajes, todo lo que fuera necesario para divertir a sus compañeros de escapadas y ganarse el favor de las damas; de manera que tras años de giras apenas ininterrumpidas, su instrumento vocal se fue resintiendo.

Al principio el público apenas lo notaba, el gran Henry tenía mucha experiencia y lograba conseguir el efecto vocal deseado bajando apenas medio tono en su pronunciación o simplemente prescindiendo de algún efecto forzado. Pero con el tiempo, el mal estado en que se encontraba su voz era un hecho consumado y no quedó más remedio que prescindir de alguno sus más aclamados personajes para evitar acabar definitivamete ronco. Lógicamente, el público que pagaba sus actuaciones quería ver los números que le habían convertido en una celebridad y al no no poder ofrecer a sus seguidores lo que estos le demandaban su fama se fue eclipsando irreversiblemente.

Hacía ya años que nuestra relación se encontraba bastante deteriorada, sobre todo por mis constantes reprimendas morales pero en el fondo nos apreciábamos mutuamente. De hecho, así me lo hizo saber en alguna que otra ocasión en uno de sus cada vez más frecuentes ciclos depresivos. Harto de ver como desperdiciaba su vida le hice una última oferta. Sólo me quedaría a cambio de un aumento del 5% en mi comisión. A cambio, yo aguantaría todos sus caprichos de estrella sin rechistar y observaría estoicamente su progresiva autodestrucción. Me echó a patadas no sin antes proferirme las palabras "miserable hijo de puta". Cuando días después pensaba que la situación era salvable, que todo se arreglaría, me llegó una carta de Henry en la cual me agradecía los servicios prestados incluyendo un talón con mi liquidación final. Sólo entonces fui consciente de que ahí se había acabado definitivamente todo.

Big Henry volvió a los pequeños clubes y garitos de mala muerte, arrastrándose con las pocas voces que aún era capaz de interpretar, continuando con sus malos hábitos y ganando lo justo para seguir viendo el amanecer del día siguiente. En cuanto a mí, probé sin demasiada fortuna promocionarme como ventrílocuo. Creí que utilizar en mi beneficio el nombre de Big Henry me ayudaría pero mi notoria falta de talento hizo que me diera de bruces con la realidad. Con lo poco que me quedaba tras mi fugaz paso por el mundo del espectáculo y algún dinero ahorrado de la época dorada de las grandes giras teatrales monté una pequeña zapatería en algún lugar remoto.

Lo último que supe de Henry antes de esta noche fue a través de la televisión, en uno de esos programas en los que entrevistan a viejas glorias olvidadas para saber que fue de ellos. Tenía un aspecto deplorable y su ronquera era ya un hecho. Cuando le preguntaron sobre como desearía finalizar su carrera contestó lo siguiente: "los ventrílocuos, no tenemos carreras sino voces. Creo sinceramente que toda mi vida ha sido una larga y hermosa voz".
Es de noche y acabo de verle de nuevo en un televisor en el escaparate de una de esas tiendas de aparatos electrónicos. Según parece Henry es noticia porque su vida se está consumiendo. En las próximas horas ingresará en un hospital para ser intervenido de una grave enfermedad. No se realmente qué debo hacer. ¿Debería ir a verle?. Está lloviendo de manera insistente y pienso que eso siempre provoca en las personas un cierto sentimiento de duda. Menos cuando uno se está mojando, que en ese caso es una certeza.